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PARA TENER EL MEJOR ASADO
Desde tiempos inmemoriales, el asado ha sido
parte de la comunidad, no sólo producto de un hábito alimentario,
sino además una oportunidad de socialización y de compartir
una sabrosa carne junto al fuego, acompañado de una amena conversación.
En Chile un buen asado es parte de un fin de semana entretenido o la
posibilidad de relajarse y pasarlo bien. Y qué mejor período
para el asado que las fiestas patrias, donde junto a un buen vino, se
puede compartir junto a los amigos y la familia. Sin embargo, lo importante
es conocer algunos secretos para lograr el mejor asado y lucirse con
los invitados.
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TODO
COMIENZA EN LA CARNE
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La primera preocupación
esencial para preparar el asado es obtener la mejor carne. Si bien es
una cosa de gustos, las carnes magras como la palanca, la entraña,
el pollo de barriga y el lomo liso, la tapabarriga y la sobrecostilla
suelen ser las más demandadas por los chilenos. Sin duda, un corte
de excelencia es el lomo vetado del primer corte. Esta corresponde a la
porción que limita con el lomo liso –también aconsejable-
y gracias a su adecuado porcentaje de grasa tiene un sabor muy especial,
por lo que basta agregar sal y obtener una exquisita carne a las brasas.
Por su sabor, otras porciones como la entraña y el pollo barriga
también son muy apropiadas para ser asadas.
Pese a ser muy sabroso,
el asado de tira se utiliza poco simplemente porque no se conoce bien
la forma de su preparación. A la hora de la parrilla, lo ideal
es colocarlo por el lado del hueso sobre brasas no muy fuertes y sacarlo
sólo una vez que ha botado el jugo. Cuando esté listo, hay
que darlo vuelta, agregar sal y a disfrutarlo.
Carnes como el pollo ganso
que tienen muchos nervios no son apropiadas para la parrilla. Lo mismo
pasa con aquellos cortes que sean muy cercanos a las extremidades del
animal.
Ahora es muy común
que los supermercados y carnicerías vendan carnes envasadas al
vacío, las cuales antes de tirar a la parrilla hay que abrir y
dejar oxigenar por veinte minutos. En todos los casos, para obtener una
carne blanda conviene cortarla en tajadas transversales de aproximadamente
cuatro centímetros y levemente apaleada por ambos lados. Todas
las carnes deben llegar a la parrilla a temperatura ambiente, nunca congeladas
o semicongeladas, ya que esto hace que el interior quede crudo o frío.
Si bien las carnes no
necesitan mayor aliño, aquellas muy magras o blancas quedan sabrosas
con un adobo suave. En el caso de las carnes poco sabrosas, como entrañas
o tapabarriga, prepare un aliño con una mezcla de ajo, pimienta,
comino y vinagre balsámico (la sal se usará luego para sellar)
en la cual debe untar la carne dos horas antes de asarla. Si la carne
es de cerdo sazónela con una mezcla de vinagre, sal, pasta de ají,
comino y orégano.
En caso de ser cordero puede adobarla con romero, ajo y aceite.
En cuanto a aliños
no existe regla, quedan al gusto del maestro parrillero. Algunos usan
cerveza, cilantro o chimichurri.
¡Ah¡, un detalle
más: la mejor manera de "perfumar" una parrillada es
echar sobre las brasas hierbas aromáticas como laurel, salvia,
tomillo o bien ajos enteros. Si son hierbas frescas, tales como perejil,
menta o cilantro, píquelas finas y salpique con ellas la parrillada
cuando esté en su punto.
Tome en cuenta que el
estragón y perejil son excelentes para la carne de vacuno.
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ESTAS
PRIMEROS, ESTAS DESPUES...
El orden de entrada de los alimentos
a la parrilla es fundamental para lograr un asado exitoso, pues cada
corte tiene un tiempo de cocción diferente, de manera que esto
marca la conveniencia de determinar cuál carne va primero a la
parrilla. do. Conviene comenzar por los trozos enteros y de tamaño
mayor, que demorarán más en estar listos; lo mismo en
el caso de las presas de ave con hueso.
Para que la carne no se ase simultáneamente
hay que colocar algunas presas en el centro del fuego y otra algo alejadas,
lo cual permitirá ir sirviendo trozos de un tamaño moderado,
evitando que las grandes presas se enfrían y tengan el feo aspecto
de la grasa solidificada.
El momento en que se agrega la sal,
es un elemento que debe ser manejado muy criteriosamente y la clave
es exponer la carne al calor intenso y una vez formada la costra, darla
vuelta y recién entonces esparcir abundante sal sobre la cara
sellada. Tampoco es conveniente asar simultáneamente carnes de
diferentes grosores, pues esto hace más difícil determinar
el punto de cocción y es una de las razones de por qué
algunas carnes quedan resecas y endurecidas y otras crudas en su centro
obligando a la recocción.
Los anticuchos y las vienesas quedan
listos con apenas un par de minutos en el fuego y pueden servirse como
bocadillos antes del plato principal. En el caso de las longanizas o
choricillos, conviene pincharlos para que su jugo sea liberado y se
puedan asar mejor.
Muy importante: nunca le eche sal a
la carne antes de asarla, pues absorbe los jugos interiores dejándola
dura y seca. Cuando la carne comienza a sangrar échele la sal
para que ésta coagule, déla vuelta por un momento más,
y ponga la sal. Si va a asar carne de cerdo, póngala cuando el
carbón no esté al rojo vivo.
Las pechugas de pollo untadas en un aceite a las hierbas quedan más
sabrosas y jugosas
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POCO
FUEGO, MUCHO FUEGO
En caso de usar carbón, lo óptimo
es encender el fuego media hora antes de empezar a poner las carnes
y una hora antes si se trata de leña dura. Para que encienda
rápidamente, cubrir el fondo de la parrilla con papel aluminio,
con la cara metálica hacia arriba, lo cual además ayudará
a que sea más fácil limpiarla. Un método útil
es apilar el carbón como en cerrito, encenderlo en el medio y
dejar un conducto como tubo para que circule el fuego. Luego de que
el carbón se prenda esparcirlo para repartir el calor uniformemente.
Dos consejos prácticos que nunca
están de más: siempre tenga un stock de carbón
de sobra, lo cual lo deja cubierto ante cualquier imprevisto y por otra
parte no intente encender el fuego con parafina u otro combustible,
porque además de ser peligrosos, dejan un mal sabor a la carne.
Una vez que la carne está en
la parrilla, sus grasas o jugos caen sobre las brasas, y si bien el
humo de algunas llamaradas da a la carne a la parrilla su sabor tan
especial, si éstas son excesivas, pueden quemarla. Para evitar
esto, conviene quitar el exceso de grasa a la carne de vacuno y de ave
antes de asarlas. Al dar vuelta la carne use tenazas en vez de tenedor
–con éste se pierde todo el jugo-, pues así evita
que caiga grasa o jugos sobre las brasas, lo que produciría llamaradas.
En caso de que necesite sofocar las
llamas en una parrilla a carbón, mantenga siempre cerca un recipiente
con agua.
Recuerde siempre que el asado necesita de un fuego fuerte, pero sin
llamas, en caso contrario la carne quedará como “hervida”
y cuando el carbón tiene un color gris ceniza (por la noche toma
un brillo rojizo), mantenerlo así, al menos 30 ó 45 minutos
antes de poner la carne. Si la temperatura está muy alta y el
fuego demasiado fuerte, levante la rejilla y aléjela de la fuente
de calor. Otra solución es remover las brasas ardientes hasta
los bordes y colocar carbón frío al medio o agregar al
fuego las cenizas de un asado anterior.
Para aumentar el calor, nivele la rejilla más cerca del fuego.
También es oportuno saber que
si el fuego está muy alto, la carne se reseca, en cuyo caso hay
que dejarla asando sobre brasas incandescentes y no sobre llama viva.
Sobre las acciones permitidas y no permitidas
a la hora del procedimiento, conviene decir que nunca hay que pinchar
o abrir la carne mientras se está asando. El método adecuado
es presionarla con la parte de atrás del tenedor: si está
muy blanda, indica que aún le falta cocción; si la sientes
elástica es que está a punto; y si ya tiene una textura
muy firme, indica que está bien cocida.
Cuando la carne bota un jugo sonrosado,
es que ha llegado el momento de servirla, cortándola en forma
transversal.
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LA
PARRILLA ADECUADA
Un silencioso protagonista, pero a la
vez fundamental en el resultado final es la propia parrilla, que debe
ajustarse a sus propias necesidades y disponibilidad de espacio.
En una casa, el mejor lugar para los asados suele ser el jardín,
en cuyo caso conviene buscar un sector suficientemente distante como
para no ahumar la casa y suficientemente cercano como para evitar mucho
paseo a la cocina.
Por medidas de seguridad, coloque la
parrilla siempre lejos de árboles, arbustos y pasto seco y sobre
una superficie plana y horizontal, alejada de ventanales, porque el
calor podría llegar a romperlos.
Prefiera una zona bien iluminada, en lo posible semicubierta para defenderse
del viento y que tenga fácil acceso a una fuente de agua, para
la limpieza posterior.
En el caso de que el asado se haga en
un departamento, puede ser muy práctica una parrilla eléctrica
ubicada en la terraza, aunque cuidando de protegerla de las corrientes
de aire.
En cuanto a las parrillas a gas, deben
ser usadas exclusivamente en espacios abiertos y bien ventilados. No
permita que se obstruyan las aberturas de ventilación ubicadas
en el cuerpo del asador. Deje una separación mínima de
20 cms. por los lados, 40 cms. por la parte posterior y 1 metro hacia
arriba.
Una forma práctica de comprobar
si el calor es adecuado, consiste en poner la mano a unos 10 cms. de
la parrilla: se debe resistir contando hasta 3, ni más ni menos.
Para asar en parrillas a gas, úsela
en "Alta" (290º C) cuando quiera tostar chuletas y bifes,
en "Media" (230º C) para la mayoría de los alimentos
asados y horneados, incluidas hamburguesas y verduras y en "Baja"
(175º C) para comidas ahumadas, asados y mangos.
Para prevenir que los alimentos se peguen
a la parrilla, el plato de cocinar y la plancha caliente, antes de cada
uso engráselas con la grasa recortada de la carne, restregándola
sobre la plancha o poniéndola sobre la parrilla.
También puede usar una brocha
para aplicar un barniz ligero de aceite vegetal o de freír. Para
pescados y hamburguesas use pequeñas parrillas de soporte.
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UNA
GRATA COMPAÑIA
Para acompañar la carne asada,
las verduras asadas y ensaladas son siempre bienvenidas. En la época
invernal son adecuadas las papas cocidas sin cuero o fritas y ensaladas
frescas y jugosas en verano. Para asar verduras –también
una palatable alternativa-, córtelas en trozos no muy grandes
y envuélvalas en papel aluminio, con lo cual logrará una
cocción más pareja.
Pero el panorama no está completo
si no está el vino, que debe ser adecuado a cada tipo de producto
y ocasión de consumo. Por ejemplo, si el asado es abundante en
carne de vacuno y algunos chorizos, lo más recomendable es un
buen Cabernet Sauvignon; por sus atractivos sabores de frutas rojas,
su sabor seco y amigable, su inconfundible cuerpo y estructura, sus
abundantes taninos y encantador gusto, combina y exalta el placer del
asado.
En cambio, para una parrilla con alguna
participación de carnes blancas como el pollo, pavo o cerdo,
acompáñelo de un seductor Merlot. De color algo más
violáceo o púrpura, de aromas a violeta y ligeros matices
de pimienta, es de un suave y sedoso cuerpo, que resalta la sutileza
de las aves o suaviza un condimentado cerdo.
Para carnes rojas, cordero y cerdo condimentado,
también viene bien un Malbec. De origen y color burdeos, con
notas de rojo rubí y guinda. Su aroma recuerda especias y leves
toques de cuero curtido y guinda seca. Su sabor es opulento y sabroso,
de taninos suaves, como fundidos por el tiempo. Su cuerpo es de gran
consistencia y de fácil beber.
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